| A mediados del decenio del sesenta se desarrollaron procesos de imitación y apropiación de la onda cultural internacional de la música moderna tanto en Argentina como en Colombia. Numerosas agrupaciones juveniles locales iniciaron una batalla cultural por acceder a la moda de los países industrializados con el propósito de acercarse a la modernidad, lo cual supuso poseer unos bienes materiales y culturales, necesarios para la realización de este proyecto; sin embargo, el motivo que mejor permite comprender la disposición de los agentes sociales para adaptarse a las demandas culturales subjetivas requeridas por la moda internacional, es la permisividad y el auspicio generado por las políticas culturales internas. Las ciudades elegidas para analizar el proceso de adaptación y apropiación sufrieron notorias transformaciones arquitectónicas, fueron creados espacios destinados a la juventud, se promovieron espectáculos y se destinaron notorios recursos para la consolidación del proyecto cultural. La radio, la televisión y la prensa, fueron los medios preferidos para la distribución cultural que se propagó prontamente en los hogares, hasta el momento en que el movimiento optó por autonomizar su existencia. Este ensayo ha sido pensado alrededor del evento que congrega el interés de todos los Latinoamericanos en la actualidad, dadas las celebraciones erigidas al fragor de las luchas independentistas de comienzos del siglo XIX. Por este motivo, el propósito central es establecer unas bases para generar estudios futuros orientados por los imaginarios sociales, que en este caso se concentran en el pensamiento de un sector importante de los jóvenes, quienes crearon y recrearon imágenes fundadas en la tradición histórica de sus naciones. Dos aspectos aparecen enfrentados: la nación real, con todas sus debilidades sociales y económicas, que no obstante en un primer momento son evadidas para permitir el ingreso del otro motivo de inspiración, la nación imaginada. Desde 1966 surgen los principales protagonistas de la juventud local en ambos espacios, promovidos por un interés subjetivo por acceder a la modernidad y el progreso de los países más desarrollados; su lucha social corresponde justamente al propósito de alejar a sus naciones del atraso y la premodernidad, porque han enarbolado un concepto nacional distinto, ajeno a los móviles históricos reales. Frente a esta postura, respondieron las generaciones inmediatamente posteriores, las cuales decidieron ponerle trabas al indiscriminado ingreso de otros motivos culturales ajenos a los locales; ellos se unieron a un movimiento internacional que también perseguía ritmos folclóricos, lo cual permitió que los jóvenes argentinos y bogotanos pensaran acerca de la tradición histórica. Es allí precisamente donde aparecen los puntos de división de los imaginarios sociales, porque las batallas de independencia adoptan sobre sí mismas la responsabilidad histórica del presente; los jóvenes artistas conciben planteamientos personales y grupales sobre el pasado, con el objetivo de inculcar en otras generaciones lo que fue considerado por ellos mismos como la realidad histórica nacional. |